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Trabajo social

Los antepasados cercanos de la Ortiz, empezando por su bisabuela La Patatina. Porque todo cuanto tenemos nos vino de sus manos.

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2. ¿Quién trata tus datos?

No puede ser nombrado experto independiente el auditor que lo fuere del deudor o de cualquiera de las sociedades del grupo afectadas ni tampoco quien hubiere elaborado el propio plan de viabilidad. Comercio al por mayor. No incluye tabaco ]. Comercio al por menor de productos alimenticios y bebidas en general. Comercio mixto o integrado al por menor. Nota al grupo Servicios prestados a las empresas.

Servicios Financieros y contables. Otros Servicios prestados a las empresas n. De ello se desprende: Por ello, en los apartados siguientes se muestra su historia —interrelacionada— por separado. Estas obligaciones se plasman en las leyes de beneficencia de y Era gratuita, sin prejuicio de la exigencia de contraprestaciones nunca superiores al coste de los servicios prestados.

El enfoque era puramente asistencialista y paliativo. En definitiva, podemos decir, que esta larga etapa estuvo caracterizada por: Entretanto hubo que esperar a para ver aprobada la Ley de Seguro de Enfermedad y a para que se implantase la Ley de Bases de la Sanidad Nacional.

Para autores como J. Siguieron otros Seminarios, Jornadas, y Congresos Loyola, ; Valencia, ; Sevilla, ; Pamplona, en un periodo en el que se produjo ya la muerte de Francisco Franco Por otra parte, el Art.

El Consejo General del Trabajo social, que representa a fecha de hoy a La lucha contra la falacia: XXXII , Consejo General del Trabajo Social. Reconceptualizing social work in times of crisis: An examination of the cases of Greece, Spain and Portugal. International social work , Vol. Reconceptualizando el trabajo social en Europa del Sur: Al reprender con dureza a los subalternos, al intrigar para que triunfen nuestros intereses.

Nadie por muy brillante que sea en dotes y cultura, aunque ocupe puestos de mucho renombre, deje de ser sencillo. Sepa exigir con mansedumbre. Nunca discuta sobre su propia importancia. Esa es tarea de Dios y de quienes nos rodean. Es preferible entrar mutilado en la vida que ser precipitado al abismo.

Obviamente se trata de un lenguaje figurado. Pero tenemos la experiencia de ciertas renuncias que nos cuestan casi como amputarnos una mano o un pie. Casi como sacarnos un ojo. Para pertenecer al Reino. Todos temblamos cuando se nos habla de renuncia. Porque la fuerza del pecado original nos invita a pasarlo bien. Y no siempre tenemos claridad en el momento de elegir. Y explica, a la vez, que renunciar nos ayuda a ubicarnos en nuestra propia identidad: Se identifica con una confianza a toda prueba en nuestro Padre de los Cielos.

Apostar diariamente por el Reino de Dios a volver a nuestra identidad cristiana. Financiados hacia el porvenir. Mas vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al abismo.

Abraham abandona su aldea y sus parientes, en busca de la tierra prometida. A la nebulosa primitiva la hizo capaz de estallar en mil astros, que luego se agruparon en constelaciones y galaxias. Pero cada nivel superior que conquistamos nos exige dolor y renuncia. No apartamos los ojos de aquello que entregamos, y perdemos de vista los bienes que nos aguardan.

El Evangelio, sin embargo, no propone el renunciar por renunciar, sino renunciar por obtener. Cuando seguimos a Cristo en las cosas simples y ordinarias llegamos, con naturalidad y elegancia, a realizar maravillas que ni nosotros mismos advertimos. Sin esfuerzo aparente, intercambiamos valores proyectando nuestra vida. De esta simple manera, los grandes comprometidos con Dios vivieron sus aventuras interiores, y las compartieron hasta donde es factible.

Porque Mundo e Iglesia no son dos realidades lejanas. La Iglesia es pasajera en este viaje de la historia y el mundo es, a su vez, la materia prima de la Iglesia. Quien realiza obras buenas tiene ya comenzada su amistad con Jesucristo. De modo que ya no son dos sino una sola carne. Unas veces oculta en las espumas.

Elementos vitales que Dios ha unido y que no hemos de separar los hombres. Aun quienes se unieron en matrimonio lamentan sus errores y debilidades. El matrimonio cristiano presenta una historia y una prehistoria. Cambian con el tiempo las leyes, las costumbres, relacionadas con la tarea de amar.

Pero ha de permanecer el amor verdadero. El que persevera, a pesar de las crisis. Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre. Permanezcan el hombre y la mujer unidos en fidelidad. Permanezcan juntos sexualidad y amor, igual que las dos caras de una misma moneda. Ha nacido en la altura. Que realice alegremente su tarea de compartir. Algunos buscamos el Sacramento para darle seguridad a nuestro amor, entre los vaivenes de la vida.

No nacen de disposiciones postizas, con el fin de organizar la sociedad. Son las profundas exigencias de quien ama de verdad. Son las medidas del amor. A todos nos puede parecer inalcanzable ese ideal matrimonial. Pero cuando la pareja humana cree que el matrimonio vale la pena, arbitra infinitos recursos para seguir adelante. Todos hemos conocido matrimonios que fracasan.

Entre otras, incompatibilidad de caracteres. Ella, alegre y festiva. Yo, seco y silencioso. El Evangelio de hoy nos habla del matrimonio indisoluble. Nos propone un ideal presentado por Dios que es nuestro Padre. Dios no se burla de nosotros. Pero no han de renunciar a este proyecto. Conviene saber que el amor no es una planta silvestre. Por eso es necesario cultivarlo. Por la fidelidad de los esposos, el Sacramento se hace signo en la sociedad y en la Iglesia.

No desconocemos sin embargo la crisis actual del matrimonio. Huracanes muy fuertes azotan el amor comprometido. Que no se sientan solas. Que llamen en su ayuda a una pareja amiga, a un consejero, a un sacerdote.

Porque descubre sus cualidades y quiere llevarlo a otro nivel superior. Sin embargo, el muchacho no entiende. La pobreza no siempre nos lleva al amor, como tampoco lo alcanza frecuentemente la riqueza. Nos lleva al servicio generoso a quienes nos necesitan. No importa que los ventanales de nuestra parroquia sean ricos o pobres, feos o bonitos.

Desde aquel domingo, cuando el pobre loco gritaba desde el atrio, muchos parroquianos molestos se cuelan al templo por las puertas aras laterales. Solamente Mateo dice que era un joven. Lucas nos habla de un hombre importante.

Pero inmediatamente deducimos que se trata de un joven. Llega a Cristo corriendo: Reconoce con espontaneidad que ha sido bueno toda su vida: A los adultos nos educaron para callar nuestras cualidades.

Luego responde a su ambiciosa pregunta: Al principio, muchos se entusiasman, pero cuando este amor exige renuncias, retroceden. Repetimos que es ante todo servicio. Indagan sobre las leyes de la herencia, sobre los resultados del trabajo, se proyectan hacia el futuro y profetizan realizaciones o desastres. Era un muchacho que deseaba heredar la vida eterna.

Nos estamos acordando del Fausto de Goethe. No es un despojo sino un compartir generoso y alegre. Existen en el mundo muchos pueblos marginados. Si hablamos de la falta de empleo, las cifran nos espantan. Sin embargo, si les permitimos crecer, desarrollan una crueldad mayor que aquella de la reina desalmada. Y san Pablo los nombra en sus cartas como soberbia, avaricia, uso incorrecto de la sexualidad, ira, exceso en el comer y en el beber, envidia y pereza.

Valga preguntar en descargo de Juan y de Santiago: Pero les ofrece una oportunidad: Es algo que al comienzo nos cuesta. Cuando los evangelios empezaron a escribirse, Santiago y Juan eran personas importantes en la comunidad cristiana.

Sin embargo, san Mateo y san Marcos no omiten este deslucido episodio. Esto indica que todos podemos fallar, si no estamos alerta frente a nuestros mecanismos interiores. No lo consignan los Hermanos Grimm, pero a nosotros nos sucede a diario. Pedro es franco y precipitado. Nicodemo es reservado y cauteloso. Busca a Cristo de noche. Y los dos hijos del Zebedeo, amigos y seguidores de Cristo, se muestran interesados y ambiciosos: Confesemos entonces llanamente nuestros intereses. No hemos aprendido a ser ambiciosos de verdad: Porque nuestras manos nos retratan.

Es decir identifican nuestros intereses y con ellos los rasgos de cada personalidad. Pirro fue un valiente guerrero en tiempos de Alejandro. Ciertamente las aspiraciones de Juan y de Santiago no eran las mismas de aquel conquistador. Lo cierto es que desean ser recompensados y no de cualquier modo.

Ellos de inmediato se atreven: Un frase donde el Maestro vuelve a colocar todo su plan en manos de su Padre. La historia de Juan y de Santiago nos cuenta que ambos, a su debido tiempo, cumplieron lo prometido, al entregar la vida por Cristo. Hay una estrofa de un autor religioso que a muchos incomoda: Entonces suelta el manto, da un salto y le ruega al Maestro: Que yo pueda ver. Respecto al mundo que nos rodea, frente a las cosas de Dios, se dan tres etapas, tres niveles.

En un comienzo solamente vemos. Es decir, el cerebro percibe las personas, los animales, los objetos. Desciframos los numerosos mensajes y sentidos de cuanto nos rodea. En fin, gozamos, nos enriquecemos. Crecemos como individuos y como seres humanos.

Sin embargo se nos invita a subir a un tercer nivel, donde podremos contemplar. Anda, tu fe te ha curado. El Evangelio lo distingue como el hijo de Timeo. Su hijo, un invidente, tal vez a causa de los vientos cargados de polvo y las enfermedades infecciosas de entonces. Y enseguida a la luz. Pero es necesario que aprendamos a mirar.

Y de igual modo, las cosas de Dios. Pero podemos aspirar a un nivel superior, donde es posible contemplar. Sino por una mirada limpia y paternal, la del Dios del Nuevo Testamento. Es para ver que te ve. No es imposible que este ciego sanado formase luego parte de la primera comunidad cristiana y por lo tanto, fuese conocido de San Marcos.

El ciego contesta solamente: Nos admira la respuesta de Cristo. El ciego le pide luz. Cristo le ordena ponerse en camino: Que bajo su mandato recorramos el mundo anunciando su poder.

Nada vemos de las cosas de Dios. Nos doblega una pobreza de actitudes cristianas. El adolescente que busca ahogar sus tensiones en el vicio. La joven que no advierte el abismo en que se hunde con la droga. El empresario que lesiona los derechos ajenos. Cuando todo es absurdo y nosotros une estorbo para los que amamos.

Se detiene y nos llama. Empezamos a ver todas las cosas desde una inocencia recuperada. El primer mandamiento es: Y en la mano derecha sostiene un cesto de frutas, que ofrece a los hombres. Algo que hace curso en la Iglesia de hoy. Creer en Dios no es solamente aceptar unas verdades. Es dejarnos transformar la vida por Jesucristo, quien espera de nosotros una respuesta de amor y compromiso.

Este programa del Nuevo Testamento, tomado de paso, aparece demasiado simple. Lo cual exige equilibro personal, progresiva madurez, experiencia. Ni logramos esa meta, ni perseveramos en esa calidad de amor. Algunos se aproximan a ellas. Otros, que avanzamos a pie, conquistamos apenas unos metros de la ruta hacia el imposible.

Pero lo que importa es caminar. Amor a Dios y al hermano. El que recibe con paciencia nuestros balances imperfectos y aunque conoce todas nuestras derrotas, goza infinitamente con cada.

Poco a poco nos vamos acercando a su reino. En una aldea distante enterraban a una joven prostituta. Al terminar la ceremonia alguien se acerca al sacerdote. Ella era muy buena.

Ella nunca trabajaba los domingos. Porque El es nuestro Padre. Porque todo cuanto tenemos nos vino de sus manos. Porque alguna vez permite que el dolor se nos acerque, para que no extraviemos la senda. Esas cinco maneras de construir el universo. Porque tenemos dos manos y dos pies.

Porque tenemos un poco de alimento en la despensa. Porque sabemos sumar, restar, multiplicar, y dividir. Porque ha perdonado y olvidado nuestros pecados. Si no lo somos, porque El tampoco lo es….

Una leyenda rusa nos pinta a un Dios que no es el nuestro: Se detuvo a ayudarlo mucho rato. Nuestro Dios no acostumbra a citar a sus hijos en la estepa.

El viaja por todas las sendas bajo la forma de caminantes menesterosos. Podemos reconocerlo de inmediato en el herido por los ladrones, o en el vencido por la fatiga, en el que no tiene alimentos para continuar la escalada. En la tarde de la vida, dice San Juan de la Cruz, seremos examinados sobre el amor. Sin embargo, no es tan simple el asunto. Pero un desprendimiento absoluto es imposible.

O bien a figurar. Y a veces a herir con su conducta. Imaginamos la timidez de mujer al entregar su ofrenda. Lo cual se convierte de inmediato en compartir. Y comprendemos que el Evangelio nos motiva de forma indirecta a tener.

La deja al leal saber y entender de cada uno, es decir, al sentido cristiano de nuestros inventarios y contabilidades. El que poco tiene se siente, al escuchar este pasaje de Marcos, reconfortado y acogido.

A quienes poseemos nos enternece la historia de la viuda: O bien nos asalta alguna sombra de remordimiento: Y esto abarca desde la salud hasta el amor, pasando por el tiempo, las habilidades, los talentos, el acceso a las decisiones, las oportunidades, las palabras y los sentimientos.

Salieron de paseo una gallina y un cerdito. Sin darse cuenta, se fueron acercando a la ciudad. Yo tengo que pensarlo muy bien. Esta viuda del Evangelio no se limita a contribuir con sus reales: El proceso es el mismo. Pero luego, nos limitamos a contribuir de vez en cuando. Se sacrificaba por sus enfermos.

Era amigo y consejero de todos. Ahora su consulta vale mucho dinero. Ya no tiene amigos. Igual cosa puede sucederle al sacerdote. Luego orienta un programa de pastoral especializada. Ya no tiene contacto con la gente. Por eso habla de laicado, estamentos, programas y objetivos. Se ha olvidado de los nombres propios.

Y habla del personal, olvidando que personal viene de persona. A todos nos sucede. Y nos quedamos solos y distantes. Ya no podemos comprometernos. Nos limitamos a contribuir. Pero volvamos a aquella viuda pobre. Dos idiomas se unieron para fabricar la palabra experiencia. Un hermoso vocablo que se abre con el prefijo latino ex y nos invita a salir de nosotros mismos para encontrar el mundo.

Y al final encontramos el sustantivo latino ens, que en el plural se vuelve entia. Y luego guardar en lo interior la huella imborrable de ese encuentro. A lo cual hacen eco los evangelistas: No podemos restarle importancia a este acontecimiento. La vida de cada hombre se termina. Anteriormente se motivaba al cristiano a impetrar con angustia la perseverancia final. Sin embargo, la zozobra nos invade, cuando proyectamos sobre Dios nuestros esquemas personales: Esa incapacidad humana de perdonar del todo.

Nuestra generosidad a cuenta gotas. Esa estrechez de miras hacia quien ha fallado. Nos gusta a veces imaginar a Dios como vengador, con tal que su castigo arrase a nuestros enemigos. Es ante todo profundidad del alma. Es sentir que Dios nos hace suyos en las buenas y en las malas. Existe un mundo en el cual el dinero es el dinero, el pan es pan y el vino es solamente vino.

Las cosas son, pero no significan. Ellos saben de crisis que son, al fin y al cabo, dolores de crecimiento. Rara vez sienten miedo. Miedo de quedar mal. Miedo a la soledad. Nuestros abuelos hablaban del mes de los temblores.

Se espera el balance de la empresa. Ya se habla de reajuste en los precios. Algunos amigos ya se fueron. Sin embargo, para el cristiano todo es transparente. Comprende que esta marea de noviembre trae a la playa todos los elementos para fabricar un pesebre. Es decir que con ella, Dios vuelve a la tierra. Aparece visiblemente en nuestra casa. El libro se titula de este modo: Una verdad muy conveniente cuando nos llegan horas amargas.

Momentos en que el mundo se nos ha venido encima. Los cristianos nos distinguimos siempre por una fuerza de esperanza. No caminamos despreocupadamente, como afirmaba Nietzsche, sobre los campos de batalla, con una flor entre los labios.

Pero nos consta de la costumbres de Dios: Igual que el Buen Pastor, deja las noventa y nueve ovejas para buscar la extraviada. La tarea del Creador de llevarnos a las metas que El se propuso al comienzo. El Evangelio explica todo esto de dos formas, al parecer opuestas: El reinado de Dios se nos da gratis: Este reinado hay que pedirlo diariamente. Un Reino que ha de abarcar todo el mundo.

Se parece a un grano de mostaza… Al fermento que una mujer mezcla en la harina… A la semilla que el labrador arroja en su era. Son del cielo, pero a la vez de nuestra tierra.

Ya han llegado, pero es urgente conseguirlas. Los hemos construido con dos poderosas herramientas: La caridad y la palabra. Aquella, casi siempre escasa y desvalida como los hombres que socorre. Pero una caridad que es el sello oficial de ese Reino. Con ellas diariamente ejercitamos virtudes simples y alcanzamos metas elementales. Le llama Monte, Camino. Alguien que nos permita seguir siendo nosotros, pero que nos ilumine desde fuera. Pero alguien, a la vez, que nos exija y nos proyecte.

Alguien que nos acoja dentro de un grupo que avanza hacia el futuro. A veces creemos haber encontrado, al rey. Pero de pronto, nos encontramos dentro de un reino que no nos satisface: Un amor absorbente nos destruye.

Un trabajo sin sentido nos despersonaliza. La infidelidad nos separa. Sin pretenderlo, el procurador romano nos anuncia la realeza de Cristo. Aunque su Reino no es de este mundo. Cristo, nuestro Rey, nos permite ser nosotros mismos: Penetra en nuestra intimidad: Cinco maridos has tenido y el que ahora tienes no es marido tuyo. Nos ilumina desde fuera: Tampoco yo te condeno. Nos exige y nos proyecta: Su interlocutor, un amigo de los tiempos de Palestina, le pregunta: Como explicaba un joven con mucha originalidad: No queremos condenarlo, pero nos vence el miedo.

Como a Poncio Pilatos, cuando le gritaron: Lo hemos declarado insubsistente, lo hemos desalojado como a un inquilino estorboso. Y cuando nos pregunten: Reflexiones de Cuaresma Vayan por todo el mundo.

Todo esto es bueno. Al fin y al cabo es existir, vivir, luchar, caminar en el tiempo. La juventud puede vivirse o puede malgastarse. El dinero sirve para construir el futuro en comunidad, o para destruirse solitariamente. La fe puede impulsarnos a una huida del mundo, o a un encuentro positivo con El Hay amores y amores.

O arrinconados por los acontecimientos. Para tener autoridad se requieren tres cosas: El compromiso cristiano consiste en orientarla de una manera constructiva: Todos ellos construyeron vida sobre su circunstancia. El agua se transformo en el mejor vino. Nosotros sembramos, otro nos ha ayudado a regar. Y le devuelve otra serie de preguntas: Pero El, siempre discreto, nos coloca de pronto frente a alguna ventana, desde la cual podemos contemplarlo: Revisemos honradamente nuestros gastos, nuestros lujos, nuestro nivel de vida.

Otras veces nos escudamos diciendo: En la necesidad de comerlo. Soy el pan de vida, es decir… 3. El mismo Cristo practica estos rituales en otros pasajes del Evangelio: Que viva con plenitud de gozo y esperanza el misterio de la maternidad.

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